EL SILENCIO AJENO

En la casa del silencio no se escucha la tormenta, solo el eco de unos pasos que la noche desorienta. Ella guarda entre los dedos la caricia que no fue, un vestido de esperanza que destiñe la pared.

Llegó como un invierno que promete primavera, pero trajo madrugadas de mirada prisionera. Con palabras de granito rompiendo su cristal, construyendo mentiras donde el golpe era muy normal.

En el refugio de su pecho dolorido, un pájaro herido que jamás se dará por vencido. Ella miente ante el espejo, dibuja una sonrisa, mientras borra con los ojos el dolor que la domina.

Hay ternura en sus manos cuando abrazasu memoria, cuando sabe que sus alas no pertenecen a esa historia. Porque el miedo es un invierno que por fin verá el final y en su alma todavía duerme un rosal.

Volará lejos del monstruo, de la sombra y del olvido, a tejer con hilo blanco lo que el tiempo le ha partido. Volverá a mirar al cielo sin pedir ningún perdón, siendo libre, tierna y dueña de su propio corazón.

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