LADRIDOS LEJANOS
Merlín, disfrutaba de siestas al sol y sus juegos. Sus ojos, de un marrón profundo, ya dibujaban el mapa de la Vía Láctea. Una noche, cuando la luna estaba tan llena que parecía una lámpara de luz blanca, sintió una vibración en sus bigotes. Se sentó firmemente, levantó el hocico hacia el cielo estrellado y emitió un pequeño ladrido, agudo pero constante. No era para pedir comida, era una señal. De repente, la luz del ático se volvió azulada y una suave brisa envolvió a Merlín. Su silueta comenzó a brillar y, en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en el Brazo de Orion. Allí sigue con seres hechos de pura luz que le acarician el lomo. Le dieron a probar "leche galáctica" de la Vía Láctea y sigue disfrutando. Ya han pasado 2 años y, desde la inmensidad, sigue observando la Tierra. Quiero imaginar que piensa en mí, mis caricias y en su hogar. Sigue durmiendo plácidamente en la Vía Láctea, soñando, con su sonrisa especial en el hocico y un olor peculiar a ozono y a la galaxia en...