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ECO DE ESPEJOS Y ACORDES

No ha muerto la música del Café Central, solo cambió de lugar; dejó la cristalería vieja, en Plaza del Ángel y en un pasacalles de blues se trajo su dulce y jazzístico sonido. Aún recuerdo la mesa pequeña, el hombro del vecino, la luz tenue y el contrabajo vibrando. Tete Montoliu parecía invocar el destino. Y ahora es el Ateneo quien nos recibe, la magia continúa. Entro en la Cátedra de la calle Santa Catalina y el aire me huele a ese Central de siempre. Las velas pequeñas, la misma calidez, un templo que se muda. En el escenario del Ateneo, el jazz es el mismo, el sagrado culto. Suena un saxo y el eco me lleva al pasado, a la cristalería, a los espejos que vieron pasar más de mil noches de ritmo, de un sueño soñado, el piano vuelve a sonar. "La magia sigue viva, la resistencia es nuestra", dice el camarero de siempre, con su sonrisa sincera. El Central ha cambiado de piel, pero es el mismo sonido; el jazz en Madrid no muere, solo encuentra otra ribera.

SÍNDROME DE HUBRIS

En tierras aztecas paseaba, mientras la historia borraba. Dijo que México no existía, olvidando su propia valía. Negó templos, dioses y grandeza, cubriendo el pasado de maleza. Su viaje quedó en puro lamento, puro ruido y falso cuento. En su trono de cristal, ajena al suelo, la soberbia dibuja un falso cielo. Cree domar el viento con la mano, sin ver que el egoísmo es su pantano. Su voz, de un eco de poder vestida, niega la duda, la sombra, la herida. En su ignorancia, de sí misma presa, la Hubris corona a su propia alteza.

NUESTRA ESENCIA

Una suma de dudas, un par de certezas la prisa por llegar a donde ya estoy aquel ayer, tan mío y tan ajeno, eso fui y hoy se sienta a la mesa a tomar un té me cuenta sus errores sin vergüenza lustra mis cicatrices con paciencia. No es que quiera volver, es que el pasado cuando se deja hablar, tiene un porvenir  ese que me cuenta que el dolor no da miedo  y que el amor, a pesar de lo que pasa cerca sigue siendo la única forma de tener futuro.

CARPE DIEM

El reloj no se detiene, el ayer se va borrando no dejes para mañana lo que sientes ahora. Toma el sol en tus manos, que se va volando que la vida es un suspiro y se va sin demora. No esperes a mañana para el beso ni dejes para luego la alegría que el tiempo es un ladrón, sutil y preso que roba la hermosura del gran día.  Mira la rosa, efímera y ardiente que nace con el sol y muere al viento así es la juventud, un soplo urgente un fugaz y divino movimiento.  Aprovecha bien el día, con filosofía  que el futuro es sombra y no certeza haz de cada suspiro una poesía encuentra en lo pequeño tu riqueza. 

EL SILENCIO DEL HAMBRE

Hay un eco que rompe el firmamento un tambor sin sonido en el vacío. Son los vientres que crujen con el viento en la mesa del mundo, el plato frío. Manos flacas que buscan el abrazo de una espiga que el polvo no ha secado. Cada día se estrecha más el lazo de un destino injusto y heredado. ¿Dónde duerme la abundancia sobrante mientras la piel se pega a la estructura? Un niño mira hacia el cielo, suplicante, viviendo en la más muda desventura. No es la sequía del suelo el único azote es la sequía de amor y de conciencia ver cómo el hambre, cual feroz garrote, borra de un tajo la propia existencia. ¡Que se parta la tierra y nazca el grano! ¡Que el banquete de pocos sea compartido! ¡Que el hambre no sea algo inhumano! ¡Que el pan, por fin, sea pan repartido!.

SERENDIPIA

Buscaba un mapa para el norte y encontré tu sur en mi camino. No era el destino lo que buscaba pero fue el mejor desatino.

EL RATONCITO PÉREZ

En la orilla un pequeño ratón nadaba; de la mar llevaba en su lomo una sombra callada, la misma que los pseudomedios y los ultras en su púlpito crían. No trae la peste, ni trae la fiebre, trae la palabra que busca división, un bulo ligero, tan rápido como liebre, que infecta la mente y el corazón.  Grita el líder con gesto severo: ¡ese ratón viene de tierras lejanas, trae el virus del cambio, el virus extranjero, los inmigrantes, con todos ellos se acabarán nuestras mañanas! Pero el ratón es solo una fábula inventada, un cuento de miedo para el espectador, mientras la mentira ya está sembrada, un virus de odio sin ningún rigor. Nadan los bulos a tierra y producen la fiebre de la sinrazón; la orilla está llena, ya empieza la provocación, pero el ratón es solo una falsa invención. La verdad se ahoga, la duda se queda, el virus del bulo y de los ultras la receta que busca incendiar con otra nueva mentira.