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LOS NUEVOS JINETES DEL APOCALIPSIS

Trump alza el muro, Netanyahu el cañón, Putin mata en frío, Kim pulsa el botón. Ya no son jinetes, son hierro y ambición, cuatro sombras negras marcando el final, con el mundo en vilo, jugando al azar. Sobre caballos de acero y de ego cabalgan cuatro, sin rastro ni ruego. Uno trae sombras, tweet y división otro el misil y su extrema ambición. Un tercero cuenta muertos en la nieve el cuarto en tierras bíblicas se mueve. Sin más bandera que su propia ambición galopan juntos hacia la destrucción.

EL ÚLTIMO PITIDO

Suena el silbato, el aire se detiene la cancha brilla, testigo de la historia es el último baile que la tarde tiene donde escriben juntas su propia gloria. Allí está mi nieta, con su uniforme puesto corriendo firme, con alma y corazón cada pase, cada bote, cada gesto es un verso de entrega y de pasión. Compañeras de batallas, amigas del alma defensa férrea, ataque compartido no importa el marcador, ni la calma importa el abrazo que han construido. Pasan los minutos, acaba el cuarto tiempo el balón busca el aro una vez más suena el pitido, llega ese momento de darlo todo y no mirar atrás. Nieta querida ¡qué orgullo ver tu vuelo! junto a tus amigas, guerreras del juego en el deporte hallaron su consuelo y en este último partido, su apego.

LADRIDOS LEJANOS

Merlín, disfrutaba de siestas al sol y sus juegos. Sus ojos, de un marrón profundo, ya dibujaban el mapa de la Vía Láctea. Una noche, cuando la luna estaba tan llena que parecía una lámpara de luz blanca, sintió una vibración en sus bigotes. Se sentó firmemente, levantó el hocico hacia el cielo estrellado y emitió un pequeño ladrido, agudo pero constante. No era para pedir comida, era una señal. De repente, la luz del ático se volvió azulada y una suave brisa envolvió a Merlín. Su silueta comenzó a brillar y, en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en el Brazo de Orion. Allí sigue con seres hechos de pura luz que le acarician el lomo. Le dieron a probar "leche galáctica" de la Vía Láctea y sigue disfrutando. Ya han pasado 2 años y, desde la inmensidad, sigue observando la Tierra. Quiero imaginar que piensa en mí, mis caricias y en su hogar. Sigue durmiendo plácidamente en la Vía Láctea, soñando, con su sonrisa especial en el hocico y un olor peculiar a ozono y a la galaxia en...

UN BROTE DE ESPERANZA

El cielo estaba gris, cubierto por el humo de semanas de bombardeos. Vvivían en lo que quedaba de sus casas, un amasijo de hierro y hormigón. Ya no había escuela, ni parques, solo miedo y la sombra de la destrucción. Sin embargo, una mañana, entre dos bloques de cemento agrietados, un punto verde: una planta silvestre había nacido. La cuidaron en secreto, trayendo agua en unas latas oxidadas. Las explosiones a lo lejos continuaban, observaban cómo la planta crecía, ajena al horror humano, la planta no conocía fronteras ni odios, solo luz y vida. Cuando finalmente llegó el alto el fuego y el silencio se instaló, salieron de sus refugios. Entre las ruinas grises, la planta brillaba con intensidad. Fue cuando todos entendieron que la paz no es la ausencia de guerra, sino la maravillosa capacidad de la vida para volver a florecer, la promesa de que la destrucción nunca tendrá la última palabra.

ARMONÍAS VIBRANTES

'Imagine' una tarde de 1963, en las radios y tocadiscos algo mágico empezaba a sonar. No eran notas militares, sino armonías vibrantes de Liverpool. En mitad de una década convulsa, The Beatles trajeron una bocanada de aire fresco con su lema: amor, música y amistad, “She Loves You”, “I Want to Hold Your Hand”. La juventud no quería armas, quería peinarse como ellos, reírse y cantar a todo pulmón. “All You Need Is Love” fue el mantra que unió a personas de diferentes países en un mundo dividido. Canciones, llenas de optimismo y alegría, transformaron la angustia en esperanza. Conciertos, gritos ensordecedores, lugares donde solo importaba la magia de las cuatro voces. Con “Let It Be”, “Hey Jude”, el mensaje evolucionó dejando atrás los conflictos. Transformar un mundo en guerra en algo luminoso. The Beatles podían ser más influyentes que cualquier política divisiva, recordándonos que la mejor forma de cambiar el mundo es darle una oportunidad a la paz.

LA SOMBRA SOBRE EL CASTILLO DEL MORRO

El cielo de La Habana, añil y espeso, se quiebra en un rugido de hierro y de oro. Llega la sombra desde el norte, el receso de un tiempo quieto, un nuevo tesoro "la caída", susurran, "es solo un proceso". Barcos de estruendo frente a la bahía, la historia se muerde la cola otra vez. Donde ayer la trova cantaba y bebía hoy el sargento y la milicia exige rapidez y el Malecón se viste de fría ironía. No es pólvora seca, es un cambio de viento, la voz del ególatra, un pacto, una ley. La isla, en silencio, aguanta el momento, esperando al nuevo y patético rey, mientras el ron se vuelve lamento. ¿Libertad o compra? ¿Despertar o ruina? El Castillo del Morro vigila, impasible y vetusto. Una orilla extraña, una nueva disciplina, se impone en el sol, con firme disgusto, bajo la sombra que sobre el agua camina.

SENDEROS DE AMISTAD

El aroma a pino fresco y el sonido de nuestras botas sobre la roca. Cierro los ojos y recuerdo aquellas mañanas frías, casi heladas, cuando la linterna frontal era nuestra única compañía antes de que el sol decidiera pintar la cima de color naranja. Íbamos un paso adelante, no solo en el camino, sino en el ánimo. Cuando las piernas gritaban que no podían más, cuando la altitud hacía el aire espeso y traicionero, entre todos compartiamos el agua, la comida y, lo más importante, la risa contagiosa, convirtiendo la fatiga en complicidad. Aquellas cumbres no eran retos físicos; eran nuestros santuarios. Recordar el silencio sagrado desde la cima, mirando el mundo diminuto allá abajo, me hace sentir que estamos cerca, que esa montaña nos hizo hermanos de aventura. Tener un amigo con quien compartir la magia de la naturaleza es un tesoro que el tiempo no borra. Gracias por cada paso, cada amanecer y cada recuerdo inolvidable que hoy vive en las montañas.