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SUEÑOS DE CALANDA

Como buen cinéfilo, me gusta revisar el cine de Luis Buñuel. Un magnífico cineasta que no busca complacer al ojo, sino despertar al subconsciente a través de una belleza convulsiva, extraña y profundamente libre. En su universo, la poesía nace de la provocación. Comenzó con "Un Perro Andaluz", con una navaja rasgando un ojo que se convirtió en el acto de amor más violento y hermoso de la historia; no era crueldad, sino la demolición de la mirada tradicional para obligarnos a ver con los ojos del alma y del deseo. Esa misma belleza sacrílega late en "Viridiana", donde la pureza mística se quiebra en una mesa de mendigos que, entre risas y harapos, componen una sobrecogedora y bufonesca Última Cena. La estética de Buñuel es un laberinto de sueños, fetichismos y rebelión contra la hipocresía burguesa. Su genialidad consiste en encontrar la fascinación en lo prohibido, demostrando que el cine es el arma más poderosa para liberar nuestros instintos más ocultos y bellos.

CAFÉ BERLÍN

En la calle Costanilla de los Ángeles en Madrid huele a promesa de swing y metal. Desde que la Plaza del Ángel vio apagarse el neón del histórico Café Central y pasó al Ateneo, Madrid se quedó unos meses con el paso cambiado, como si el compás de cuatro por cuatro hubiera perdido una negra. Se mudó cruzando el centro, a lomos de un contrabajo, hasta dar con el Café Berlín. En noviembre llega un programa magnífico, con el recuerdo a Marvin Gaye, L. Armstrong, New Orleans y otros más. El silencio de la plaza no será el final, sólo una pausa. El saxo tenor empezará a trazar melodías con sabor a bebop, cool jazz, ... mezclado con el aroma castizo de tardes y noches. En la penumbra del Café Berlín, el latido volverá a ser rítmico, caliente y animado. En Madrid podrán cambiar los chaflanes, los adoquines y los nombres de las esquinas, pero mientras haya jazzistas sudando acordes menores bajo un foco mal orientado, la ciudad seguirá siendo un club abierto hasta el amanecer.

EL ÚLTIMO ANDÉN

El tiempo es un suspiro inevitable un destello fugaz que no regresa. La vida se nos escapa entre las manos dejando solo el eco de su prisa. Me duele ver cómo este viaje acaba saber que no habrá una segunda parte ni otra oportunidad para admirar el alba ni más mañanas para cobijarte. A pesar del ruido y la locura humana de las guerras, el odio y la ceguera la Tierra sigue siendo hermosa y clara vistiendo de color cada primavera. Qué triste es despedirse de este mundo de su belleza herida pero cristalina sabiendo que nos vamos en un segundo y que el universo seguirá su rutina.

LÁGRIMAS DE FANGO

La Tierra llora en silencio su agonía ahogada en plásticos, basura y olvido mientras el suelo que nos dio abrigo se quiebra bajo el peso de la hipocresía. Hemos sufrido la furia del cielo y su lamento terremotos, huracanes, DANAS devastadoras fuerzas salvajes, voraces y destructoras azotando nuestro hogar en cada momento. ¿Por qué sumar el dolor de una cruel guerra? ¿por qué romper lo que ya está herido? cambiemos el odio por un suelo florido y curemos las heridas de nuestra Tierra. Levantemos la mirada del letal veneno recojamos los pedazos del camino aún podemos cambiar este destino recuperemos de nuevo el oxígeno bueno.

LUCES Y SOMBRAS

La vida es un lienzo de luz y color un breve suspiro que invita a amar un canto que borra cualquier sinsabor y borra las sombras que quieren dañar. No perder tiempo con la envidia, el rencor para qué alzar los puños en vana opresión. El mundo florecerá con más esplendor siempre que nos miremos con el corazón. Respetar el vuelo, abrazar la hermandad dejar que cada alma consiga su luz. Ahí vive la magia y la auténtica verdad que alivia el camino y disipa su cruz. Que la paz sea el norte, el respeto a la ley pues la vida es bella, fugaz y frágil. No dejes que el odio robe tus creencias y que siembre el respeto en tu propio jardín.

LA PREEXISTENCIA

En el gran archivo de la 'preexistencia' yo era un código abstracto, un dato elemental. Flotaba sin cuerpo en la red de la conciencia un proyecto archivado en el plano digital. Me asignaron un lote, un envase biológico y fui programado para el ciclo existencial. Crucé la frontera del software ontológico para representar este ensayo terminal. El primer aliento fue un choque lumínico las máquinas cantaban con un arrullo gris. Un código de barras en el pecho clínico firmó mi ingreso al distópico país. Afuera el cielo tenia apariencia de pantalla los días transcurrian bajo un ojo supervisor. Nací en un mundo que vigila y que batalla donde hasta el llanto necesita un servidor. «Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais… atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir» (Blade Runner).

MÁS AMOR Y MENOS CONFLICTOS

Entre el denso humo y el eco del acero, mis manos buscan el temblor de tu mano. El mundo se rompe en pedazos de fuego, en tu mirada guardo mi refugio y mi amparo. Que callen las bombas por un solo instante, que duerma la herida que corta la tierra. Amarte es el acto más vivo y más valiente, en esta marea de gris y de inútil guerra. Eres la calma en mi prisa, la luz que guarda mi rincón. Un verso vivo en la brisa y el latido de mi corazón.