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QUO VADIS

Algunas salas de cine con fachada art deco y olor a terciopelo rancio fueron cerrando poco a poco; ahora son sucursales bancarias y tiendas de ropa. Hoy ir al cine es viajar al extrarradio donde antes había campos de cultivo; en el centro de la ciudad, ya no hay sitio para los sueños. Se compran entradas y cubos de palomitas para alimentar a una familia numerosa. Salas con un insoportable ruido y móviles por doquier. Guiones sin sentido, actores sin alma y las escenas de acción generadas por IA que intentan imitar los sentimientos, pero están vacías. Las palomitas se derraman por el suelo porque las butacas se mueven por experiencias inmersivas 4D, 4DX o D-BOX, diseñadas para simular la acción en pantalla. Se echan en falta películas rodadas con celuloide, como la magnífica "Cinema Paradiso". Te vas de la sala de cine con la sensación de no ver nada. Cantaba L. E. Aute:  Cine, cine, cine Más cine por favor Que todo en la vida es cine Que todo en la vida es cine Y los sueños C...

ARMONÍA VS CAOS

Un valle abrazado por montañas y un pequeño pueblo donde la vida vibraba con una intensidad maravillosa. Los amaneceres no eran simplemente el comienzo del día, sino una sinfonía de colores que pintaban el cielo mientras el rocío besaba las hojas. Sus habitantes cultivaban flores, las risas de los niños eran el eco constante en la plaza y las noches se celebraban compartiendo pan, música y cuentos alrededor de hogueras que desafiaban el frío.  Lejos de allí, el horror llegaba con el estruendo de metal y fuego. Los cielos coloridos fueron reemplazados por una nube de humo negro que asfixiaba el aire. La guerra llegó, el sonido de los pájaros fue sustituido por gritos, el perfume de las flores por el olor acre a tierra quemada y hierro. Las casas alegres, se convirtieron en ruinas silenciosas. Los niños ya no jugaban en la plaza; ahora se escondían en la oscuridad, temblando al ritmo de las explosiones y se preguntaban si el sol volvería a salir. La belleza se había convertido en hor...

DOBLE MORAL. HIPOCRESÍA

Tres pantallas gigantes dominaban la estancia. Mapas de Gaza y Libano. Irán y las tierras fronterizas. Ucrania. Netanyahu, con la mirada fija en el mapa del sur, acababa de invocar textos antiguos para justificar la destrucción y el exterminio de sus enemigos mientras sus dedos acariciaban un sidur, rezando por la victoria final. Trump, hablaba por teléfono, se quejaba de que la guerra en Irán era costosa, pero una excursión necesaria porque los enemigos iban a atacar primero, mientras se preparaba para asistir a un evento evangélicos en su despacho. Minutos antes, justificaba la devastación de una zona civil. Putin, en silencio y el con el rostro impasible, había firmado el lanzamiento de misiles sobre unas instalaciones energéticas, mientras sostenía un icono ortodoxo que le había regalado un sacerdote. Los tres hombres, seguían rezando en la intimidad, buscando la bendición divina para sus acciones, mientras las luces rojas de los mapas seguían parpadeando.

LOS NUEVOS JINETES DEL APOCALIPSIS

Trump alza el muro, Netanyahu el cañón, Putin mata en frío, Kim pulsa el botón. Ya no son jinetes, son hierro y ambición, cuatro sombras negras marcando el final, con el mundo en vilo, jugando al azar. Sobre caballos de acero y de ego cabalgan cuatro, sin rastro ni ruego. Uno trae sombras, tweet y división otro el misil y su extrema ambición. Un tercero cuenta muertos en la nieve el cuarto en tierras bíblicas se mueve. Sin más bandera que su propia ambición galopan juntos hacia la destrucción.

EL ÚLTIMO PITIDO

Suena el silbato, el aire se detiene la cancha brilla, testigo de la historia es el último baile que la tarde tiene donde escriben juntas su propia gloria. Allí está mi nieta, con su uniforme puesto corriendo firme, con alma y corazón cada pase, cada bote, cada gesto es un verso de entrega y de pasión. Compañeras de batallas, amigas del alma defensa férrea, ataque compartido no importa el marcador, ni la calma importa el abrazo que han construido. Pasan los minutos, acaba el cuarto tiempo el balón busca el aro una vez más suena el pitido, llega ese momento de darlo todo y no mirar atrás. Nieta querida ¡qué orgullo ver tu vuelo! junto a tus amigas, guerreras del juego en el deporte hallaron su consuelo y en este último partido, su apego.

LADRIDOS LEJANOS

Merlín, disfrutaba de siestas al sol y sus juegos. Sus ojos, de un marrón profundo, ya dibujaban el mapa de la Vía Láctea. Una noche, cuando la luna estaba tan llena que parecía una lámpara de luz blanca, sintió una vibración en sus bigotes. Se sentó firmemente, levantó el hocico hacia el cielo estrellado y emitió un pequeño ladrido, agudo pero constante. No era para pedir comida, era una señal. De repente, la luz del ático se volvió azulada y una suave brisa envolvió a Merlín. Su silueta comenzó a brillar y, en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en el Brazo de Orion. Allí sigue con seres hechos de pura luz que le acarician el lomo. Le dieron a probar "leche galáctica" de la Vía Láctea y sigue disfrutando. Ya han pasado 2 años y, desde la inmensidad, sigue observando la Tierra. Quiero imaginar que piensa en mí, mis caricias y en su hogar. Sigue durmiendo plácidamente en la Vía Láctea, soñando, con su sonrisa especial en el hocico y un olor peculiar a ozono y a la galaxia en...

UN BROTE DE ESPERANZA

El cielo estaba gris, cubierto por el humo de semanas de bombardeos. Vvivían en lo que quedaba de sus casas, un amasijo de hierro y hormigón. Ya no había escuela, ni parques, solo miedo y la sombra de la destrucción. Sin embargo, una mañana, entre dos bloques de cemento agrietados, un punto verde: una planta silvestre había nacido. La cuidaron en secreto, trayendo agua en unas latas oxidadas. Las explosiones a lo lejos continuaban, observaban cómo la planta crecía, ajena al horror humano, la planta no conocía fronteras ni odios, solo luz y vida. Cuando finalmente llegó el alto el fuego y el silencio se instaló, salieron de sus refugios. Entre las ruinas grises, la planta brillaba con intensidad. Fue cuando todos entendieron que la paz no es la ausencia de guerra, sino la maravillosa capacidad de la vida para volver a florecer, la promesa de que la destrucción nunca tendrá la última palabra.