SEMILLAS DEL FUTURO
Mientras el ego humano habla de destrucción y odio, tertulianos gritándose insultos, o bombardeos, a 1.400 kms del Polo Norte, en la isla de Spitsbergen, el viento polar azotaba la ladera de permafrost y allí mismo se alzaba una estructura minimalista de hormigón que se hundía en las entrañas de la montaña a -18°. La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, ideada y custodiada por Noruega. En esa penumbra congelada, reposaban cajas selladas provenientes de todos los rincones del planeta: el trigo de Ucrania, las simientes rescatadas de las ruinas de Siria y los cereales de Sudán compartían espacio junto a muestras de olivo españolas. No había armas, ni reproches, ni banderas rivales. Solo el milagro latente de la vida. Por este conmovedor y rotundo ejercicio de cordura colectiva, acaba de recibir el Premio Princesa de Asturias de Cooperación. La tierra prometida estará esperando en una pequeña semilla congelada en el Ártico.