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EL FARO INTERIOR

Dudo del viento dudo del sol que arde del firme suelo y de la propia tarde. Si todo miente si el ojo es un engaño si cada sombra finge  hay un extraño daño. Queda una chispa que el soplo no deshace una conciencia, una pista que en el temblor nace. Ya busco el fondo de mi propio destierro ya no lo escondo pero medito y yerro. Alcanzo mi destino todavía la vida insiste pienso, luego aún resiste y sé que existo, es mi sino.

MAPA DE FILIAS Y FOBIAS

En la ciudad de los sentidos, un hombre caminaba siempre pegado a las paredes. Su paso era corto y medido porque padecía vértigo; su mirada evitaba el azul abierto del horizonte por miedo a caer hacia arriba. En otra zona de la ciudad, una mujer tenía la extraña debilidad de buscar los campanarios más altos, de asomarse a los pretiles con una fascinación devota, buscando siempre el vértigo como si en la altura vacía residiera la única verdad. Un día de tormenta, el temblor del hombre y la osadía de la mujer chocaron bajo el dintel de un mismo portal cerrado. No hablaron de sus escondites ni de sus devociones. Bastó que ella mirara el temblor de las manos ajenas para entender el peso de la sombra; y que él viera la calma en los ojos de ella frente al viento y comprender que el abismo también podía tener un dueño manso. Comprendieron entonces que el miedo y el amor son dos formas de intensidad que nos obligan a mirar de frente.

SILENCIO DE PLATA

Bajo el monte alto, callado y esquivo duerme el calor del gran sol aún activo. La noche llega con paso de plata y un fresco soplo la roca rescata. Brillan las luces de un cielo lejano como un tesoro de fuego en verano. La luna blanca dibuja su huella besando al pino, besando a la estrella. Canta el arroyo con su voz cristalina mientras la sombra la cumbre domina. Paz, sosiego en la altura, latido profundo el monte duerme y suspira este mundo.

UN HILO DORADO NOS UNE

Llegaste a casa llenando todo de luz traías en los brazos la mayor alegría pero el verano nos impuso su cruz con un calor horrendo quemando el día. El aire era un sismo de fuego y de arena las horas pasaban lentas, sofocantes y la hermosa visita se tiñó de pena bajo un sol implacable y agonizante. El pequeño, pobrecito, de trece meses con su piel tan tierna sufrió el castigo el sarpullido brotaba por todas partes en un llanto amargo que fue testigo. Qué impotencia ver su carita encendida buscar ese alivio que no llegaba mientras la noche, de calor vencida tampoco un respiro nos regalaba. Pasaron días de angustia y desvelo queriendo cuidarlo, sin saber qué hacer mirando con ansias las nubes del cielo  esperando un soplo de aire al caer. A pesar de ese ardor y el quebranto nos queda el recuerdo de haberos tenido pues el profundo amor disipa el espanto y ya está sanando a nuestro niño querido.

PIEL DE DUNAS

Tras un verano de cenizas, el monte parecerá un cementerio de palos negros. Las lluvias de otoño caerán sobre la tierra herida. El fuego no se apaga cuando se va el calor. Es preferible pagar más impuestos antes que ver arder las tierras. Menos fiestas de toros embolados, pirotecnias. El cambio climático es un fenómeno natural y físico en su definición científica; es un hecho comprobado y respaldado por la ciencia. Mejores sueldos y mejora del contrato de bomberos forestales; hombres y mujeres que se juegan el tipo con contratos de risa. Más todoterrenos de doble tracción capaces de ir por pistas imposibles antes de que la chispa salte. Gestionar y limpiar el suelo de la maleza seca y abrir cortafuegos anchos como autopistas; recoger madera muerta que asfixia a los árboles. El monte dejaría de ser un polvorín desatendido para convertirse en un espacio cuidado. Hay que montar una amplia red de vigilancia que indague y actúe con dignidad. Prevención, provisión y preparación. 

LUZ QUE AGONIZA

Limpia, limpia de nuevo, ni una mota de polvo. Las manos le temblaban cuando escuchó a un vecino hacer comentarios sobre un debate de televisión: "Sólo hablan de ellas, pero a los hombres también los matan. La violencia es violencia y punto". Ella miraba el pasillo oscuro. Su agresor no era un desconocido con un pasamontañas, su agresor conocía muy bien la contraseña de su móvil y el lado de la cama que a ella le gustaba ocupar. El peligro no venía de fuera, dormía a su lado, observaba sus silencios y justificaba su maltrato, sus golpes. No era una pelea de iguales en la calle, sino la crítica sobre su ropa, como se debía vestir; ella no era una persona con derechos; ella era una propiedad que intentaba escapar de su dueño. Cuando oía girar la llave en la cerradura, sentía esa frialdad familiar en la boca del estómago. Ella sabía que la estadística no era un accidente geográfico ni una cifra al azar en una pelea, era el eco de un hogar donde el miedo se llamaba amor.

CANÍCULA INFERNAL

El calor de julio asfixia y quema los campos secos de Castilla y León y afecta a zonas de la Comunidad de Madrid, mientras el humo tiñe el horizonte de un rojo sucio. Desde la televisión, un líder político ajusta su corbata y sonríe con calma, asegurando que las alarmas sobre el clima son exageraciones y que los montes se limpian solos con la propia voluntad de la tierra. Afuera, las sirenas de los pocos camiones de bomberos disponibles rugen tarde por la carretera comarcal. Un vecino miraba desde el umbral de su casa cómo las llamas devoraban el olivar del abuelo que se había cuidado durante un siglo, un terreno abandonado a su suerte por recortes y la falta de prevención institucional. El fuego avanzaba sin piedad, impulsado por un viento caliente que ningún decreto ministerial ni discurso oficial podía apagar. La emergencia climática es un hecho respaldado por la ciencia, las actividades humanas y los datos globales.