En la orilla un pequeño ratón nadaba; de la mar llevaba en su lomo una sombra callada, la misma que los pseudomedios y los ultras en su púlpito crían. No trae la peste, ni trae la fiebre, trae la palabra que busca división, un bulo ligero, tan rápido como liebre, que infecta la mente y el corazón. Grita el líder con gesto severo: ¡ese ratón viene de tierras lejanas, trae el virus del cambio, el virus extranjero, los inmigrantes, con todos ellos se acabarán nuestras mañanas! Pero el ratón es solo una fábula inventada, un cuento de miedo para el espectador, mientras la mentira ya está sembrada, un virus de odio sin ningún rigor. Nadan los bulos a tierra y producen la fiebre de la sinrazón; la orilla está llena, ya empieza la provocación, pero el ratón es solo una falsa invención. La verdad se ahoga, la duda se queda, el virus del bulo y de los ultras la receta que busca incendiar con otra nueva mentira.