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EL SILENCIO DEL HAMBRE

Hay un eco que rompe el firmamento un tambor sin sonido en el vacío. Son los vientres que crujen con el viento en la mesa del mundo, el plato frío. Manos flacas que buscan el abrazo de una espiga que el polvo no ha secado. Cada día se estrecha más el lazo de un destino injusto y heredado. ¿Dónde duerme la abundancia sobrante mientras la piel se pega a la estructura? Un niño mira hacia el cielo, suplicante, viviendo en la más muda desventura. No es la sequía del suelo el único azote es la sequía de amor y de conciencia ver cómo el hambre, cual feroz garrote, borra de un tajo la propia existencia. ¡Que se parta la tierra y nazca el grano! ¡Que el banquete de pocos sea compartido! ¡Que el hambre no sea algo inhumano! ¡Que el pan, por fin, sea pan repartido!.

SERENDIPIA

Buscaba un mapa para el norte y encontré tu sur en mi camino. No era el destino lo que buscaba pero fue el mejor desatino.

EL RATONCITO PÉREZ

En la orilla un pequeño ratón nadaba; de la mar llevaba en su lomo una sombra callada, la misma que los pseudomedios y los ultras en su púlpito crían. No trae la peste, ni trae la fiebre, trae la palabra que busca división, un bulo ligero, tan rápido como liebre, que infecta la mente y el corazón.  Grita el líder con gesto severo: ¡ese ratón viene de tierras lejanas, trae el virus del cambio, el virus extranjero, los inmigrantes, con todos ellos se acabarán nuestras mañanas! Pero el ratón es solo una fábula inventada, un cuento de miedo para el espectador, mientras la mentira ya está sembrada, un virus de odio sin ningún rigor. Nadan los bulos a tierra y producen la fiebre de la sinrazón; la orilla está llena, ya empieza la provocación, pero el ratón es solo una falsa invención. La verdad se ahoga, la duda se queda, el virus del bulo y de los ultras la receta que busca incendiar con otra nueva mentira.

LIBERTAD, LIBERTAD. SIN IRA LIBERTAD...

En Madrid se alza una voz que grita "libertad" a su modo mientras limita la del otro y se apropia de todo. Una mano con el saludo la otra señalando el camino donde el ajeno pensar es un peligro definido. Desde el kilómetro '0' o en la calle con el grito se impone un único tono y se acalla el susurro distinto. Libertad, dicen, libertad pero solo para el suyo pues la del vecino estorba y se borra con el orgullo.

ECOS POR "BULERIAS"

Dicen que el mundo es plano y no se mueve que el calor es un cuento y el virus no existe. Niegan la ciencia mientras desde el cielo llueve y la verdad, en las redes, se vuelve triste. Bulos de humo, espejismo en la pantalla el saber se nubla, la razón encalla. Tierra, clima, virus... la duda se hizo peste ¡que el sentido común no nos despiste!

MI FARO

Eres la luz que mis días ilumina La alegría pura, la calma divina. Si no existieras, hija, te inventaría para llenar de magia cada día. Eres mi sueño hecho realidad mirarte es saber que la felicidad existe. Si no existieras, hija, te inventaría porque sin ti, mi vida no tiene color.

EL CULTIVADOR DE ASTROS

Érase una vez, en un pequeño pueblo escondido entre montañas de color violeta y un jardinero que no cultivaba rosas ni girasoles, sino estrellas. Tenía un jardín mágico y por las noches plantaba pequeñas luces brillantes que caían del cielo cuando había lluvia de estrellas,  las cuidaba con agua de rocío. Cuando crecían, estas estrellas no se quedaban en el suelo, sino que se elevaban lentamente para iluminar los hogares de los vecinos que se sentían solos y tristes. Un día, la estrella más pequeña de todas no quiso subir y se quedó en la mano del jardinero que, con ternura, le preguntó por qué. La estrellita, con voz de campanilla, le dijo: "Tengo miedo a la inmensidad del cielo". Él sonrió y le respondió: "El cielo no es inmenso si llevas la luz de tu propia felicidad dentro". Ella entendió, brilló con más fuerza que nunca y voló tan alto que se convirtió en guía de todos los viajeros. "La felicidad, al igual que las estrellas, brilla más cuando se comparte...