LA SOMBRA SOBRE EL CASTILLO DEL MORRO
El cielo de La Habana, añil y espeso, se quiebra en un rugido de hierro y de oro. Llega la sombra desde el norte, el receso de un tiempo quieto, un nuevo tesoro "la caída", susurran, "es solo un proceso". Barcos de estruendo frente a la bahía, la historia se muerde la cola otra vez. Donde ayer la trova cantaba y bebía hoy el sargento y la milicia exige rapidez y el Malecón se viste de fría ironía. No es pólvora seca, es un cambio de viento, la voz del ególatra, un pacto, una ley. La isla, en silencio, aguanta el momento, esperando al nuevo y patético rey, mientras el ron se vuelve lamento. ¿Libertad o compra? ¿Despertar o ruina? El Castillo del Morro vigila, impasible y vetusto. Una orilla extraña, una nueva disciplina, se impone en el sol, con firme disgusto, bajo la sombra que sobre el agua camina.