UN BROTE DE ESPERANZA
El cielo estaba gris, cubierto por el humo de semanas de bombardeos. Vvivían en lo que quedaba de sus casas, un amasijo de hierro y hormigón. Ya no había escuela, ni parques, solo miedo y la sombra de la destrucción. Sin embargo, una mañana, entre dos bloques de cemento agrietados, un punto verde: una planta silvestre había nacido. La cuidaron en secreto, trayendo agua en unas latas oxidadas. Las explosiones a lo lejos continuaban, observaban cómo la planta crecía, ajena al horror humano, la planta no conocía fronteras ni odios, solo luz y vida. Cuando finalmente llegó el alto el fuego y el silencio se instaló, salieron de sus refugios. Entre las ruinas grises, la planta brillaba con intensidad. Fue cuando todos entendieron que la paz no es la ausencia de guerra, sino la maravillosa capacidad de la vida para volver a florecer, la promesa de que la destrucción nunca tendrá la última palabra.