CANTO AL EQUINOCCIO

El 23 de septiembre, dos de la madrugada,

la Tierra suspira, se para y reposa.

El cielo se viste de luz sosegada,

el aire se vuelve de bruma y de losa.


Miércoles 23 de septiembre ya despierto,

el Sol cruza el centro con calma profunda.

El tiempo del fuego se queda desierto,

y el oro del bosque la sombra inunda.


El día y la noche se darán un abrazo,

la balanza del cielo se queda en un punto. Comienza la danza de un nuevo ocaso,

con paso tranquilo y el frío del junco.

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