EXTINCIÓN
Uno de los pocos seres humanos que quedaba en la Tierra estaba descansando sólo en una habitación de su vivienda. De repente, alguien llamó a la puerta. Era el fin del mundo, pero él decidió no abrir por si era un vendedor de seguros. El planeta era como un espectáculo de recursos agotados, océanos llenos de plásticos y guerras muy absurdas. A pocos metros de su puerta blindada, un grupo de supervivientes discutía a gritos sobre qué dirección tomar para salvarse, mientras bloqueaban con piedras el único camino que quedaba libre del peligro. El hombre observó por la mirilla; vió la furia, la absoluta certeza en los rostros ajenos y a los que se peleaban contra la sombra de sus propias sombras. Bebió un vaso de agua, pero se olvidó de perforar el fondo del bidón para filtrarla, tal como él mismo había escrito en el manual que sostenía en la otra mano. El agua contenía proliferación de microorganismos patógenos y acumulación de microplásticos.
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