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SENZA FINE

Mis dedos mimando tu piel. Mis labios húmedos acariciando tu cuerpo.Tus ojos mirando fijamente y tu sonrisa ardiente y sensual. Mi mano acariciando tu pelo.Tu cuello permanece terso y firme. La luna con todo su esplendor observando la escena. Estrellas lanzando sus rayos para alumbrar el espectáculo. Las nubes, meciendo el lecho de nuestros cuerpos.

LAURA

Laura. ¡Una sonrisa! ¿Quién puede rechazar una sonrisa? La tuya no se puede rechazar. Me levanto muy temprano, miro tu foto en mi móvil, mi ánimo sube y mi soledad se frena por un momento. Vuelve tu amor y cariño a mi corazón, tu sonrisa. Mis lágrimas frenan su caída. Eres toda bondad y amor, simpatía generosa y sincera. Todo mi ser se eleva con alas doradas. Una sonrisa agradable para cada rostro. ¡Eres maravillosa!. Calmas la tristeza y la soledad, la rabia más feroz de lo ingrato. Flores y frutos dulcemente esparcidos. El camino de tu juventud y mi vejez se unen. Sonrisas. Gracias por tus sonrisas y lágrimas de alegría. Te quiero muchísimo, hija mía.

VIVA LA VIDA

Los años pasan como aves cruzando el ancho mundo. Mirando hacia atrás sin ira, recordando el pasado, como si siempre hubiéramos vivido en este maravilloso planeta. Un número de años en nuestra espalda, un esfuerzo por llegar a la meta. Seguimos nuestro camino, trabajando, disfrutando, continuando la carrera para añadir otro número más a nuestras espaldas.  Qué bello es poder vivir y qué bella es la naturaleza. Lástima que este magnífico planeta no sea respetado como se merece y que seamos sus propios habitantes los que aceleremos su destrucción. Cómo me gustaría observar en el futuro, desde algún agujero negro o galaxia, el día a día de los míos, esbozar una amplia sonrisa y sentir una inmensa alegría.

RÍO SIN RETORNO

El día siguió a la noche y así sucesivamente. Ni sentía, ni padecía. La luz y la oscuridad lo mantuvieron en un sueño eterno. El silencio y el ruido eran un todo envolvente, cálido, pero a la vez molesto. Llegó la lluvia, algo de calma, gotas intermitentes y finalmente un aguacero.  Entre la luz del día y la oscuridad de la noche, entre ruidos y silencios, pasaron las horas. Aquella pequeña cabaña de madera que lo mantuvo apartado del mundanal ruido lo arrastró río abajo, sin rumbo. Se dejó llevar como hizo toda su vida.