EL JARDINERO DE LA ESCARCHA
En una pequeña ciudad, el invierno duraba ya muchos meses y la esperanza se había congelado. La gente caminaba con la mirada puesta en el suelo, abrigados por el miedo y el olvido. Pero un anciano de manos nudosas, salía cada mañana a su pequeño balcón; entre el hielo y la nieve, cultivaba un jazmín. ¡Está muerta, viejo loco!, gritaban los vecinos al pasar. Él sonreía y seguía regándola con las últimas gotas de agua tibia que le quedaban. Una noche, cuando la escarcha parecía más dura que nunca, una luz blanca brotó del jazmín; la planta había florecido, desprendiendo un aroma tan dulce que la gente se detuvo en la calle, sorprendida. El perfume viajó por la ciudad, recordándoles a todos el olor de la primavera y de un nuevo comienzo. El hielo no se derritió por el sol, sino por la esperanza que comenzó a florecer en el corazón de los habitantes. En los momentos más oscuros, la belleza y la persistencia son las luces más brillantes.
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