DOBLE MORAL. HIPOCRESÍA
Tres pantallas gigantes dominaban la estancia. Mapas de Gaza y Libano. Irán y las tierras fronterizas. Ucrania. Netanyahu, con la mirada fija en el mapa del sur, acababa de invocar textos antiguos para justificar la destrucción y el exterminio de sus enemigos mientras sus dedos acariciaban un sidur, rezando por la victoria final. Trump, hablaba por teléfono, se quejaba de que la guerra en Irán era costosa, pero una excursión necesaria porque los enemigos iban a atacar primero, mientras se preparaba para asistir a un evento evangélicos en su despacho. Minutos antes, justificaba la devastación de una zona civil. Putin, en silencio y el con el rostro impasible, había firmado el lanzamiento de misiles sobre unas instalaciones energéticas, mientras sostenía un icono ortodoxo que le había regalado un sacerdote. Los tres hombres, seguían rezando en la intimidad, buscando la bendición divina para sus acciones, mientras las luces rojas de los mapas seguían parpadeando.
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