LA FRAGUA DEL AGUA

Sobre la amarga baranda granadina,

se ha quedado el aire de plata y de luto,

donde Lorca dejó su último minuto,

y la sangre en nardo verde se ilumina.


Es el jinete que no llega a la fragua,

el puñal que sueña con el alto pino,

el metal doliente, el amor desvelado,

que canta en el Darro su dolor amargo.


Verde, siempre verde, viento del sur,

trae ecos de luna y de gitanos,

en los dedos blancos, piano y luz,

un caballo negro, miedo en las manos.


Poeta de la higuera y del aljibe,

tú que desnudaste al hombre y su dolor,

en tu verso eterno, Federico vive,

siendo sangre, luna, y verde amor.

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