AGUA PASADA, NO MUEVE MOLINO

En un valle, rodeado de montañas, un molinero tenía un molino de piedra muy antiguo. Llevaba tiempo triste y se pasaba horas mirando el río, obsesionado con las lluvias de la primavera anterior. Lamentaba no haber aprovechado aquel caudal inmenso para moler el doble de grano; "si no hubiera dejado que esa agua se escapara", susurraba, sintiendo el peso de la culpa. Vivia en el pasado, anclado en lo que ya no tenía remedio. Recordó lo que decía su abuela: "agua pasada, no mueve molino". No puedes traer el agua de marzo para moler el grano de hoy. Eso es vivir en el pasado, solo traerá tristeza y el molino parado. Miró el río, sintió la frescura del agua que fluía en ese instante. Entendió que su tristeza no cambiaría, pero su inacción arruinaría su presente. Limpió la acequia y abrió la compuerta. El agua, fresca y llena de energía, empezó a mover la gran piedra del molino. Aprendió que el pasado es un buen maestro, pero un pésimo compañero de vida si te niegas a dejarlo ir.

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