DEVASTACIÓN. IGNOMINIA
La calle ya no existía, se había convertido en una mezcla informe de hormigón pulverizado, metal retorcido y el polvo grisáceo que se pegaba a la garganta. Un niño de ocho años, sostenía la mano de su hermana menor con una fuerza desesperada, caminando sobre los restos de lo que fue su barrio. Sus ojos buscaban entre los escombros algún juguete, un zapato, cualquier cosa que demostrara que su vida no había sido borrada. El sonido constante de los drones era el telón de fondo de su existencia, un zumbido metálico que nunca cesaba. Solo quedaba hambre, sed y un miedo paralizante. El exterminio no era una palabra lejana, era la silla donde su madre murió, la imposibilidad de encontrar agua potable. Miraron hacia el sur, siguiendo la marea de personas desplazadas. Ya no tenían casa, ni escuela, ni futuro seguro. Solo tenían el presente, un instante suspendido entre la destrucción y la esperanza de sobrevivir a una noche más.
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