UN HILO DORADO NOS UNE
Llegaste a casa llenando todo de luz
traías en los brazos la mayor alegría
pero el verano nos impuso su cruz
con un calor horrendo quemando el día.
El aire era un sismo de fuego y de arena
las horas pasaban lentas, sofocantes
y la hermosa visita se tiñó de pena
bajo un sol implacable y agonizante.
El pequeño, pobrecito, de trece meses
con su piel tan tierna sufrió el castigo
el sarpullido brotaba por todas partes
en un llanto amargo que fue testigo.
Qué impotencia ver su carita encendida
buscar ese alivio que no llegaba
mientras la noche, de calor vencida
tampoco un respiro nos regalaba.
Pasaron días de angustia y desvelo
queriendo cuidarlo, sin saber qué hacer
mirando con ansias las nubes del cielo
esperando un soplo de aire al caer.
A pesar de ese ardor y el quebranto
nos queda el recuerdo de haberos tenido
pues el profundo amor disipa el espanto
y ya está sanando a nuestro niño querido.
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