CICATRICES DE CRISTAL
Estaba escribiendo una historia sobre horizontes lejanos y mis dedos danzaban sobre mi fiel teclado, sobre un mundo irreal. De repente, la magia cambió el ritmo y el texto ya no era el previsto, ahora escribía sobre alguien que pisa la tierra. El teclado me dictaba una historia distinta que se escribía sola y contaba la vida de una amiga, éramos jóvenes, que tantas veces lloraba de rodillas. Su infancia fue un eco de gritos y miedo, un mar de tristezas que rozaba el coraje. Sufría abusos, trato inhumano, buscando una mano amable. La recuerdo en el calle, callada, con tristeza, luchando en silencio. El ordenador, testigo mudo, saca a la luz su dolor. Hoy intenta sanar las grietas de una triste y vieja historia. Me quedo sentado, con lágrimas tibias y el pecho apretado, leyendo el secreto que estaba escondido, recordando su dolor. Esta historia sirve ahora de refugio y consuelo. Un puente de paz para alzar hoy el vuelo. El texto llora la historia de mi amiga, a quien debo abrazar.
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