EL IMPERIO DEL FUEGO
Bajo un cielo de plomo y fuego
España suspira, sedienta y desnuda.
El viento caliente dibuja un ruego
que en el aire seco se pierde, sin duda.
El sol es un monstruo de luz implacable
que abrasa la tierra, que quiebra el terrón
mientras el clima, en su cambio incansable
marchita la huerta y el viejo rincón.
El monte desierto, de ramas cubierto
aguarda la chispa que trae el estío
sin que una mano limpie el desierto
sin que un cauce resguarde el baldío.
El humo se alza, corona sombría
devorando historia de verde pinar
por la desidia, abandono y la lejanía
de leyes que llegan tarde al lugar.
Arden los campos, solloza la sierra
ceniza en el viento, la herida abierta.
Mientras, la llama consume esta tierra
y clama por bosques en estado de alerta.
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