EL SILENCIO DEL HAMBRE
Hay un eco que rompe el firmamento
un tambor sin sonido en el vacío.
Son los vientres que crujen con el viento
en la mesa del mundo, el plato frío.
Manos flacas que buscan el abrazo
de una espiga que el polvo no ha secado.
Cada día se estrecha más el lazo
de un destino injusto y heredado.
¿Dónde duerme la abundancia sobrante
mientras la piel se pega a la estructura?
Un niño mira hacia el cielo, suplicante,
viviendo en la más muda desventura.
No es la sequía del suelo el único azote
es la sequía de amor y de conciencia
ver cómo el hambre, cual feroz garrote,
borra de un tajo la propia existencia.
¡Que se parta la tierra y nazca el grano!
¡Que el banquete de pocos sea compartido!
¡Que el hambre no sea algo inhumano!
¡Que el pan, por fin, sea pan repartido!.
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