ECO DE ESPEJOS Y ACORDES

No ha muerto la música del Café Central, solo cambió de lugar; dejó la cristalería vieja, en Plaza del Ángel y en un pasacalles de blues se trajo su dulce y jazzístico sonido. Aún recuerdo la mesa pequeña, el hombro del vecino, la luz tenue y el contrabajo vibrando. Tete Montoliu parecía invocar el destino. Y ahora es el Ateneo quien nos recibe, la magia continúa. Entro en la Cátedra de la calle Santa Catalina y el aire me huele a ese Central de siempre. Las velas pequeñas, la misma calidez, un templo que se muda. En el escenario del Ateneo, el jazz es el mismo, el sagrado culto. Suena un saxo y el eco me lleva al pasado, a la cristalería, a los espejos que vieron pasar más de mil noches de ritmo, de un sueño soñado, el piano vuelve a sonar. "La magia sigue viva, la resistencia es nuestra", dice el camarero de siempre, con su sonrisa sincera. El Central ha cambiado de piel, pero es el mismo sonido; el jazz en Madrid no muere, solo encuentra otra ribera.

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