SUEÑOS DE CALANDA

Como buen cinéfilo, me gusta revisar el cine de Luis Buñuel. Un magnífico cineasta que no busca complacer al ojo, sino despertar al subconsciente a través de una belleza convulsiva, extraña y profundamente libre. En su universo, la poesía nace de la provocación. Comenzó con "Un Perro Andaluz", con una navaja rasgando un ojo que se convirtió en el acto de amor más violento y hermoso de la historia; no era crueldad, sino la demolición de la mirada tradicional para obligarnos a ver con los ojos del alma y del deseo. Esa misma belleza sacrílega late en "Viridiana", donde la pureza mística se quiebra en una mesa de mendigos que, entre risas y harapos, componen una sobrecogedora y bufonesca Última Cena. La estética de Buñuel es un laberinto de sueños, fetichismos y rebelión contra la hipocresía burguesa. Su genialidad consiste en encontrar la fascinación en lo prohibido, demostrando que el cine es el arma más poderosa para liberar nuestros instintos más ocultos y bellos.

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