AMOR INCONDICIONAL
Cada mañana, en un banco de la parada del autobús, ella abría el mismo libro de cubiertas gastadas en la página 42. Él la observaba en silencio, los días pasaban, las hojas de los árboles caían, el otoño se convertía en invierno, pero el dedo de la mujer seguía señalando el mismo párrafo. Una mañana fría, vencido por una curiosidad que ya bordeaba la obsesión, se acercó y rompió el hielo.
"Perdone el atrevimiento, pero la veo aquí todos los días, ¿por qué nunca pasa de página?".
Ella levantó la vista, le dedicó una sonrisa amable, a la par que nostálgica y cerró el libro con delicadeza.
"Es el libro favorito de mi esposo —respondió ella con voz suave—. Perdió la memoria hace un año. Cada tarde, cuando regreso a casa, le cuento con todo detalle lo que pasa en la página cuarenta y tres. Así, cada día, tengo una historia nueva que inventar para él. En esa página cuarenta y tres no leo lo que realmente dice el libro; uso esa página como excusa para inventar una historia nueva cada tarde".
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