ÉRASE UNA VEZ UN LIBRO...

Este poema evoca la tristeza por el cierre de librerías, como 'Tipos Infames' en Malasaña. Espacios que atesoran el olor del papel y la sabiduría y se transforman en rincones silenciosos cuando las persianas bajan para siempre. Pérdida de refugios culturales y la nostalgia por los libros que ya no verán la luz.


Se apaga la luz en la esquina,

el aroma a tinta y papel se desvanece;

la librería que fue hogar y espera,

cierra sus puertas, el alma se entristece.


Estantes desnudos, memorias frías,

donde antes habitaba la voz del tiempo;

ya no habrá tardes de lentas búsquedas,

ni magia entre páginas en este aposento.


Se quedan los libros en la penumbra,

ángeles mudos de historias lejanas;

mientras la ciudad, con prisa incierta,

olvida los mundos de las mañanas.


Adiós a la tinta, al lomo gastado,

al refugio de papel y de madera;

que el silencio no borre la huella,

de quien amó los libros a su manera.

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