EL JARDÍN OLVIDADO

El último amanecer fue una sinfonía de píxeles y óxido. No había pájaros, solo el zumbido de drones de mantenimiento que barrían las ruinas de las megaciudades. La Tierra, más un circuito que un planeta, gemía bajo el peso de su propia creación. El Profesor, recordaba los árboles de verdad y caminaba entre los esqueletos de rascacielos. Su bastón, una reliquia de madera petrificada, golpeaba el suelo sintético. Nadie escuchaba el viento; solo el murmullo de las redes neuronales que cubrían cada superficie, dictando el flujo y reflujo de una civilización que había olvidado cómo respirar. De repente, una anomalía. Un punto verde, diminuto, asomaba entre dos placas de metal corroído. El Profesor se acercó con cautela. Una planta, una flor silvestre, desafiante, con pétalos de un violeta casi olvidado. Cuando los drones llegaron, encontraron solo a un anciano arrodillado, acariciando una flor que ya no estaba. En su lugar, una pequeña mota de polvo había comenzado a germinar.

Comentarios

  1. Precioso! Me ha encantado! Hay algo muy potente en esa imagen de un futuro sin conciencia ni naturaleza: es como un yelmo vacío para el alma humana. La semilla al final fue un golpe de esperanza muy sutil. ❤️

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