ADAM SMITH. EQUIDAD
En la cima de la colina, la mansión del patrón brillaba bajo el sol, rodeada de jardines. Desde su terraza, observaba con orgullo, jactándose de ser el hombre más rico de la región y de tener las fábricas más productivas. "La riqueza se mide por la acumulación", solía decir. Sin embargo, a los pies de la colina, la realidad era distinta. Sus trabajadores apenas ganaban lo suficiente, vivían en chozas miserables, sin acceso a la educación y desnutridos. Tenía mucho dinero, pero sus negocios empezaron a sufrir las consecuencias; los trabajadores, exhaustos y desesperados, producían con desgana y un día, la fábrica cerró. El patrón, sentado en su terraza y en silencio, entendió finalmente la máxima de Adam Smith: "La verdadera prosperidad no reside en tener muchos pobres sirviendo a un rico, sino en la capacidad de la sociedad para progresar en conjunto". Sin clientes y sin trabajadores sanos y motivados, su mansión no era más que una jaula de oro en una ciudad muerta.
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