LA LLAVE PARTIDA

La puerta cede ante el frío metal,

no es un hogar, dicen, es un fondo capital.

Una vida empaquetada en cajas de cartón,

se lleva el recuerdo, la voz y el rincón.


El cerrajero trae el irrevocable final,

un silencio burocrático, seco y brutal.

Afuera la lluvia, el sol, miedo y sueño

dentro queda el aire que ya no es dueño. 


Orden de embargo, dice el papel,

arrancando la piel de aquel que fue fiel.

No es solo ladrillo, es el alma que cae,

cuando el hogar propio, se extrae.

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