TRUMPTAURO

Todo había empezado a dar vueltas tras un incendio explosivo. El humo se extendía por todos los lugares y el fuego empezaba a consumir todo lo que estaba a la vista. El miedo se apoderó de mi corazón al oír disparos, gritos de terror por las calles. Mi estómago empezó a retorcerse, a sentir náuseas, mientras me paralizaba, incapaz de moverme. Pude ver a lo lejos a un monstruo, de piel anaranjada, con aspecto de haber salido del infierno. Amenazaba con pancartas para destruir todo, fabricar armamento nuclear, edificar nuevos "resorts" por nuestras calles y costas, destruir parques públicos y montar campos de golf. Recordé a mi amigo, el troll Oaki, que vivía plácidamente en el macizo montañoso de Peñacorada, en la comarca leonesa. Este monstruo anaranjado con su sonrisa maligna y tupé al viento, sonreía y disfrutaba con la destrucción, aniquilamiento y desesperación de la gente. Un nuevo jinete del Apocalipsis, el quinto, cabalgaba alegre aportando nuevos horrores y masacres.

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