LAS MÉDULAS. LEÓN

En el corazón de El Bierzo, donde el hierro antiguo dejó su huella imborrable, la tierra suspira. Montañas que lloraron oro, valles que se abrieron, bajo el torrente romano, su antiguo rostro gritaba. No es piedra sola, es memoria de ardor y de esfuerzo, médula de la tierra, desvelada con el río. Desde el agua que cae, con fuerza de azares, se arrastra el oro y la montaña, en un lecho sombrío. 

Hoy, el paisaje es un lienzo de ocre y de nostalgia, una historia esculpida en la roca. Los castaños ancestrales, guardianes de su calma, contemplan el desfiladero donde el recuerdo evoca. Un paisaje que se desvela, en cada pueblo y recodo, la pizarra que aún palpita, el vino que da el sustento.

Las Médulas no son olvido, son un legado elocuente, un tesoro de la historia, en su esplendor violento. Un grito en el silencio, una voz entre las encinas, que narra la epopeya del ser humano y el terruño. Las Médulas, patrimonio, en sus cumbres divinas, donde el pasado y presente hallan su eterno influjo.

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