EL ROCE FIEL

Guardianes de páginas doradas

refugio de mi infancia desvelada

donde el tiempo detiene su carrera

y el alma encuentra siempre primavera.


Aún recuerdo tus hojas amarillas

las tardes de misterios y de orillas

cuando mis manos tiernas te buscaban

y tus mundos de tinta me abrazaban.


Eres aroma a bosque y a memoria

el perfume sutil de nuestra historia

su olor vegetal, una herencia pura

que embriaga el corazón de la lectura.


Amo el roce gastado de tu lomo

tu tacto de papel, de piel y plomo

la caricia del viento en cada barrera

una página, otra hoja a la carrera.


Fiel compañero de las noches frías

sembrador de promesas y alegrías

no hay pantalla que iguale tu latido

ni luz que alumbre lo que hemos vivido.


Sigue habitando siempre en mi regazo

eterno amigo de ese callado abrazo

un libro abierto, un templo, una trinchera,

mi infancia en una estantería, mi bandera. 

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