VAGABUNDO PASACALLES
En la esquina gris, un alma suena, con su guitarra gastada, vieja compañera. No busca aplausos en grandes teatros, sino una moneda, un gesto, un instante. La melodía brota, humilde y sincera, un blues, un bolero, una vieja balada. Colorea el aire, detiene las prisas, regala a las almas una pausa, una mirada. Con cada nota, una historia que cuenta, del amor perdido, de sueños que no fueron. Su voz se alza, valiente y doliente, mientras las sombras de la tarde se mecen. Un corazón errante, un virtuoso anónimo, que en cada compás entrega su vida. Y aunque nadie sepa su nombre o su historia, la calle es su escenario, su eterna partida. Un músico callejero es un poeta del momento, un espejo sonoro de la ciudad que lo acoge. Lo ignora a partes iguales, pero que sin él, perdería una parte esencial de su corazón.