ECOS DE CONFLICTOS

En campos antaño verdes y serenos donde la vida florecía en paz, hoy se alzan los espectros obscenos de un horror que el alma es incapaz de abrazar o entender. El cielo claro se tiñe de un gris plomizo y opaco. El sol, antaño cálido, se esconde tras el humo de los conflictos bélicos, que afectan a la vida y a la esperanza. El estruendo de bombas y cañones desgarra el aire, rompe la bonanza. Silencios de miedo, de gritos, se mezclan en un coro sin sentido, un funeral por los sueños destrozados. Olor a pólvora, humo y destrucción que penetra en los huesos de los abandonados a su suerte. La vida se aferra a un hilo frágil, a la dignidad. Los ojos de los niños, espejos del espanto, preguntan porqué la negrura ha cubierto su mundo, porqué el llanto es su única canción de cuna, porqué el miedo es su compañero fiel. La guerra es un monstruo que muerde, desgarra, es un recordatorio funesto. La locura humana no tiene límites y deja atrás dolor y muerte. Valga esta humilde súplica para que la paz venza a la guerra algún día y que el horror sólo sea un inexplorado e infame recuerdo.

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