Magnífica exposición: “Anders Zorn: Viaje, retrato e identidad” en la Fundación Mapfre. Una inmersión fascinante en el naturalismo sueco, destacando sus "maravillosas" acuarelas detalladas y retratos. Reúne más de 130 obras, incluyendo grabados, óleos y esculturas que muestran su vida cosmopolita. La exposición nos transporta instantáneamente a la Suecia de finales del XIX. Lo primero que atrapa son las acuarelas. Zorn no solo pintaba con agua; parecía capturar la luz nórdica, reflejándola sobre el agua de sus paisajes o en la piel de sus bañistas con una frescura deslumbrante. Al recorrer la sala, la transición de sus primeros años a sus viajes a París y Estados Unidos se hace evidente. Es curioso ver cómo, a pesar de ser un artista internacional, su corazón siempre volvía a sus raíces rurales. Fue salir de la exposición y la luz de Madrid me pareció distinta. Visita imprescindible, recomendable, un respiro de belleza naturalista.
Lo que siento por tí está en lo más profundo de una montaña. Cuanto más te conozco, más me adentro en tu bosque. Lo que quiero no está vacío, como llanuras erosionadas. No está ni turbio ni muerto, como si fuera un pasado pantanoso. Es completo, verdadero, como el aroma de lluvia en abril. Todo lo que quiero para ti, para nosotros, es una aventura de amor eterno. Hemos caminado por un sendero pleno de vegetación. De madrugada, el cielo matutino irrumpe a través del dosel mientras nos sentamos en nuestra tienda a tomar café. Seguimos emocionados con la caminata de hoy, porque cuando amas la naturaleza siempre quieres estar cerca de ella, igual que siempre quiero estar cerca de ti. Quiero ser para ti, tan constante e infinito como un anillo de compromiso. Aquí estamos acercándonos a la naturaleza, más cerca el uno del otro. Estoy deseando llegar a la cima.
Ella se ajustó el pañuelo, el aire de Nueva York de 1857 era frío, pero su determinación era ardiente. Llevaba años trabajando doce horas diarias por la mitad del salario mientras sus compañeros observaban cómo la salud de sus compañeras se apagaba entre hilos y máquinas de coser. Esa mañana, no entró a la fábrica. Se unió a cientos de mujeres en la calle. No pedían limosna, pedían igualdad. Querían pan y dignidad en sus condiciones de trabajo, pero también tiempo para vivir, igualdad de derechos y respeto. A pesar de las amenazas y la represión, ella sintió la fuerza de la unidad. Aquella protesta no cambió el mundo de la noche a la mañana, pero encendió una chispa. Hoy, 8 de marzo, recordamos a las miles de heroínas reales que alzaron su voz para que las mujeres actuales pudieran estudiar, trabajar y elegir su propio destino en libertad.
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