Lo que siento por tí está en lo más profundo de una montaña. Cuanto más te conozco, más me adentro en tu bosque. Lo que quiero no está vacío, como llanuras erosionadas. No está ni turbio ni muerto, como si fuera un pasado pantanoso. Es completo, verdadero, como el aroma de lluvia en abril. Todo lo que quiero para ti, para nosotros, es una aventura de amor eterno. Hemos caminado por un sendero pleno de vegetación. De madrugada, el cielo matutino irrumpe a través del dosel mientras nos sentamos en nuestra tienda a tomar café. Seguimos emocionados con la caminata de hoy, porque cuando amas la naturaleza siempre quieres estar cerca de ella, igual que siempre quiero estar cerca de ti. Quiero ser para ti, tan constante e infinito como un anillo de compromiso. Aquí estamos acercándonos a la naturaleza, más cerca el uno del otro. Estoy deseando llegar a la cima.
Te amo con un amor desconocido, para el que no tengo palabras ni proyectos. Te amo como se aman los atardeceres y los amaneceres. Mi voz se convierte en un coro, un torrente furioso. Qué alivio no tener que explicarte ningún sentimiento, ninguna de sus redundancias. Cómo agradecer este amor que no tiene forma, ni objetivo concreto. Poder tumbarme, escuchar tus pasos, poder besarte, acariciarte y descansar. Cómo me gustaría que ese muro que aún nos separa, se derrumbara y que te pusieras en contacto conmigo cuando se haya calmado ese ruido pretérito. Sin suspiros, ni gemidos, seguiré esperarando.
Ella se ajustó el pañuelo, el aire de Nueva York de 1857 era frío, pero su determinación era ardiente. Llevaba años trabajando doce horas diarias por la mitad del salario mientras sus compañeros observaban cómo la salud de sus compañeras se apagaba entre hilos y máquinas de coser. Esa mañana, no entró a la fábrica. Se unió a cientos de mujeres en la calle. No pedían limosna, pedían igualdad. Querían pan y dignidad en sus condiciones de trabajo, pero también tiempo para vivir, igualdad de derechos y respeto. A pesar de las amenazas y la represión, ella sintió la fuerza de la unidad. Aquella protesta no cambió el mundo de la noche a la mañana, pero encendió una chispa. Hoy, 8 de marzo, recordamos a las miles de heroínas reales que alzaron su voz para que las mujeres actuales pudieran estudiar, trabajar y elegir su propio destino en libertad.
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