RÍO SIN RETORNO
El día siguió a la noche y así sucesivamente. Ni sentía, ni padecía. La luz y la oscuridad lo mantuvieron en un sueño eterno. El silencio y el ruido eran un todo envolvente, cálido, pero a la vez molesto. Llegó la lluvia, algo de calma, gotas intermitentes y finalmente un aguacero. Entre la luz del día y la oscuridad de la noche, entre ruidos y silencios, pasaron las horas. Aquella pequeña cabaña de madera que lo mantuvo apartado del mundanal ruido lo arrastró río abajo, sin rumbo. Se dejó llevar como hizo toda su vida.